Publicado el 14 de marzo
Las primeras semanas del cachorro en casa
Rutina, sueño y socialización temprana
Los primeros catorce días definen buena parte de la convivencia que vendrá después. El cachorro llega con su carpeta veterinaria, el calendario de vacunas al día y una guía de alimentación pensada para las primeras semanas, pero eso no reemplaza lo esencial: un rincón tranquilo, horarios que se repitan y presentaciones graduales con los niños y los otros perros de la casa. La adaptación no se apura; se acompaña.
Conviene dividir las tomas en tres o cuatro momentos fijos y dejar la cama cerca de donde duerme la familia las primeras noches, no en un cuarto aislado. Si el cachorro llora, no es capricho: es un cambio de entorno. Responder con calma y sin levantarlo cada vez ayuda más que ignorarlo. Con las visitas pasa algo parecido: mejor esperar a que las rutinas estén asentadas antes de llenar la casa de gente nueva.
Qué observar durante la adaptación
El sueño. Un cachorro duerme muchas horas al día y necesita un lugar donde nadie lo interrumpa. Si se despierta irritable o mordisquea más de lo habitual, suele ser cansancio acumulado.
La comida. No cambies el alimento de golpe. Cualquier transición se hace mezclando durante varios días, y así el estómago no se resiente.
Las señales de socialización. Que se acerque por curiosidad, acepte la mano y vuelva a su manta después de un rato son buenos indicios. La timidez extrema o el retroceso constante merecen una consulta con el veterinario.
Los errores más comunes son siempre los mismos: invitar a demasiada gente en la primera semana, cambiar el pienso porque "no come lo suficiente" o dejar al cachorro solo más horas de las que tolera. Ninguno es grave si se corrige a tiempo, pero cada uno retrasa lo que buscamos: que se sienta seguro.